Pablo Rangel
Dedicado a todos aquellos que a diario luchan por sobrevivir a través del intento de suicidio en las calles, para todos aquellos que su pasión por la velocidad ha sido domada, uniformada y utilizada para el beneficio de alguna señora menopáusica que vendiendo comidas procesadas se ha consolidado como millonaria.
En fin, dedicado a todos aquellos motoristas que moviéndose como ratones en laberinto recorren las calles de la mal diseñada y poco cuidada “Ciudad de Guatemala”. Para todos ellos, ¡amigos! Aquí les va este breve cuento. –Pongan un ratito la moto en neutro, quítense el casco, apaguen el celular y leamos esta corta historia-
Sala de Emergencias, Hospital Roosevelt, 19 de abril 2006 9:00 a. m.
Enfermero:“!Uuuyyy hoy si te jodiste mano¡ fractura de tibia peroné y articulación, ¿jugas fut?”
Paciente: “simón”
Enfermero: “pues olvidate de meter goles porque ahora sonaste a sapo, barato, barato te echás año y medio en la recuperación si no es que más, porque ahí te van a poner tornillos y a veces se te infecta y no pega, en fin, te llevó la gran puta…pero no llores, si eras gallo para andar en la moto ahora tenes que hacerle huevos”
Paciente: “nel pero vas a ver que me recupero rápido, me acabo de casar y Dios me va a ayudar”
Enfermero: “ya vas…ahorita que venga el doctor le enseño las radiografías y a ver qué onda… ¿y quién te tiró a la mierda pues?”
Paciente: “la señora que está afuera”
Enfermero: “vos decís la señora esa que parecía como hippie”
Paciente: “simón”
Enfermero: “jajaja, esa doña ya se fue a la mierda, dijo que tenía una reunión con sus compañeras, ni dejo numero ni nada solo dijo que te ayudó y vino a dejarte”
Paciente: “!ah vieja más cerota¡”
Una fuerza sobrenatural colmó el ánimo de Kevin, lo hizo saltar de la camilla, con el pie izquierdo doblado para atrás, como si caminara en reversa salió al pasillo de la emergencia del hospital Roosevelt, con los guantes todavía puestos y el celular colgando en el cuello alcanzó a ver la orilla del morral de la señora “hippie” que salía cerrando la puerta de la emergencia.
Kevin le gritó a la mujer policía de la puerta “agarre a esa pisada que es la que me tiró a la mierda”.
La policía indignada le responde “primero, yo no soy su sirvienta, segundo, a las mujeres no las va a minimizar con adjetivos como pisada, tercero, la señora que usted tanto odia es licenciada en Antropología y ha llegado a la sede de la PNC a dar talleres sobre femicidio y los derechos de nosotras las mujeres”.
Kevin reformuló su petición en otros términos: “por favor agente detenga a la licenciada con quien tuve un accidente”.
Entonces la policía respondió “no lo hago pues esa actitud suya debe ser reformada de alguna forma, además que no tengo pruebas que comprueben que ella esta involucrada en un hecho que intuyo es culpa de su despreocupada actitud”.
Entre todo, la licenciada ya había llegado a la pasarela del Guarda enfilando hacia la zona 1 para desaparecer por completo.
Así empezó el calvario de Kevin Neftalí. Recién casado y con 21 años de edad.
Su pena no sería en solitario, pronto tendría compañía. Mientras estaba en la emergencia llegaron cinco motoristas que quedaron parqueados a su lado, el primero en llegar le contó que trabajaba para una pizzería y en un cruce de la zona 10 lo aventó un carro de PROVAL, al caer se quebró los brazos. El segundo, fue a hacer una entrega a la zona 7 pero un pick up que iba adelante frenó de repente y chocó contra la palangana, el motorista cayó de regreso sobre el timón de la moto que le partió las costillas. El tercero iba en medio de las dos filas de carros y unos estudiantes de colegio, manejando sin licencia, se lanzaron al otro carril atravesando el carro, chocó y voló directo al arriate quebrando el casco contra un árbol, además, la nariz y la mandíbula. Y los últimos dos, llegaron inconscientes pues parece que discutieron con un conductor que iba armado y les pegó nueve tiros, a uno 5 y al otro 4.
Así, empezaron los peores días de su vida. Jamás había sido sometido a tantas operaciones. Lo abrieron para que un practicante le reconstruyera la pierna, se notaba que no sabía pues tuvieron que abrirlo tres veces.
Cuando sentía que moría entraba de vuelta a la sala de anestesias donde la muerte aparecía cagándose de la risa.. La primera le salió la clásica pelona, con guadaña y sudadero negro, en la segunda la vio con un uniforme de la PNC, en la tercera la vio con pelo largo y llena de collares con un morral, caites y una falda típica larga (igualita que la mujer que lo aventó).
Kevin pasó en gran pedo los días del hospital, ya hasta le estaba gustando, al tercer día lo sacaron, su suegra tuvo que pagar casi quinientos quetzales. En el hospital le cobraron los tornillos y acero que le pusieron en la pierna, encima, le dejaron una cosa como escalera atravesada, parecía como truco de magia, de esos que atraviesan los brazos con una espada, solo que en este caso no eran pajas, los hierros estaban bien metidos en la carne. Le hueviaron el celular y encima un guante, el casco se fue entre el carro de la mujer que lo aventó y su bolsita con los vueltos se la huevió un niño que vio toda la escena.
Y después del hospital…
Fuera del hospital estaba Jennifer, su esposa, de 17 años, esperándolo en un taxi.
Ya subido en el taxi Kevin no aguantó, se puso a llorar, había soportado demasiado, su esposa lo abrazó y le dijo “no se preocupe mi negrito, va a ver que rápido se va a poner bien y va a poder trabajar”, el taxista volteó a ver con desdén y una sonrisa burlona. La esposa de Kevin reaccionó y le dijo “!usted sho hijueputa¡”, el taxista se molestó y le dijo “!bajate de aquí cerota, anda a ver a que bar vas a dar el culo¡”.
Ella sintió que le hervía la sangre y no dijo nada, solo le indicó el camino a casa, que no era casa sino una champa cerca del cementerio la Verbena. Ella le pidió al taxista que le ayudara para entre los dos llevar a Kevin adentro. El tipo accedió de mala gana.
Cuando Kevin estuvo bien sentado en una silla del comedor, la esposa le dijo “vamos afuera, ahí le pago”, el taxista salió, pero Jennifer no quería que las cosas quedaran así, sacó un cuchillo y lo siguió afuera de la champa, el taxista escupió al piso y se volteó para recibir el dinero, sin mediar palabra, Jennifer le dio una cuchillada en la cara y otra en la panza, el tipo cayó al piso, ahí ella le pegó en la cara con la punta del tacón tomó su billetera y el dinero que estaba en el taxi. Al mismo tiempo pasaban dos jóvenes del barrio, ella les dijo “sobres, les encargo a esta basura”, ellos respondieron “me extraña”, así, subieron al taxista agonizante y se adentraron a la Verbena con todo y taxi.
A la semana del accidente…
La moto quedó despedazada, pero poco a poco la esposa de Kevin la fue reparando.
Con lo que le pagaban (trabajaba en una librería) compraba los repuestos: el timón, las manecillas, los cables de clutch y frenos, el tanque, el tenedor, los espejos etc. Así, en cuatro meses levantó la moto y aprendió a manejar en un par de horas.
Kevin seguía recuperándose, pero la cosa iba para largo, entre radiografías, antibióticos, analgésicos, vendas etc. no les quedaba nada de dinero. Así, que ella decidió, aunque estaba en el cuarto mes de embarazo, empezar a trabajar en la moto.
Coincidencias…
Un día llegó a dejar unas hamburguesas a una casa de la zona 1, de pronto, salió una mujer mayor con pelo corto.
La mujer puso cara de asombro al verla, después de hacerse la estúpida le dijo “¿mamita, tu trabajas en la moto?”
Jennifer respondió “sí, seño”
La mujer le dijo “sos una mujer ejemplar y ejemplo de lucha para las mujeres, así que pasa adelante que te vamos a dar un regalito”.
Jennifer se puso roja de la vergüenza pero entró a la casa. Al entrar vio que había un grupo de mujeres reunidas, la mujer de la entrada la presentó y dijo “¡eh aquí una mujer ejemplo!
Todas se pararon y le dieron un gran aplauso, además, le regalaron un morralito típico y le pidieron que se dejara tomar unas fotos.
Una de ellas, de pelo largo, salió por la cámara de fotos. Jennifer la siguió con la vista hasta la calle y vio que el carro de donde sacaba la cámara tenía un choque adelante, al ver con detenimiento, vio que el golpe tenía pintura roja, como la de su moto.
Jennifer preguntó, “¿seño, qué le pasó ahí?” ,
Ella respondió “un motorista idiota se metió de repente y como yo iba encendiendo un cigarro no me di cuenta y lo tiré”
Jennifer“¿ah sí?”
Señora: “sí, pero no te preocupes que no me lastimé, de todas formas fue hace cuatro meses”.
Jennifer no necesitaba muchas señas para darse cuenta que había sido la misma que había atropellado a su marido. Sin embargo, soportó el homenaje y las fotos, al salir dijo “gracias señoras pero me voy porque tengo que trabajar”…otra vez aplausos…
Se escuchó que la moto encendió y se fue.
Las mujeres opinaban “que mujer tan arrecha ¿verdad?”, “síiiii” decían unas y otras más cínicas dijeron “pero es que se nota que le falta educación, además que si es feíta, así como sirvienta” “jajajaja” dijeron todas.
A los cinco minutos entro olor a quemado a la casa, entró la sirvienta y dijo “¡seño, el carrito blanco se está quemando!”. Una de ella dijo “¡no puede ser el mío, todavía lo estoy pagando es nuevecito!” salieron todas a ver y el carro ardía en llamas, estaba sin llantas, con los vidrios rotos y en la pared escrito “aprende a manejar hija de la gran puta” firma: “tu madre”.
La dueña se tendió a llorar y las otras dijeron “éste es un proceso sistemático de hostigamiento, seguro que es un paso previo al femicidio”.
La sirvienta corrió a la cocina para llevarles agua para calmar los nervios. Cuando volvió le gritaron “¡estúpida no se da cuenta de lo que pasa, analfabeta de mierda!”.
La señora bajó la cabeza y se fue a la lavandería, sacó su celular, marcó un número…otra voz de mujer respondió “ya estuvo mama, le eché fuego a esa mierda” la señora contestó “ contale a Kevin así se va a sentir mejor”.
Dos años más tarde….
Ahora Kevin ya camina medio bien y trabaja en una oficina de trámites, su hijita tiene dos años y la moto la maneja Jennifer, ahora no la usan para trabajar solo para salir los tres rumbo a Amatitlán los fines de semana.