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Terra
La Coctelera

El subterfugio teatral y el inconsciente metafórico.

Pablo Rangel

Hace unos meses me topé con la "psicomagia".  Bien se dice que las cosas pasan cuándo y dónde tienen que pasar.  La primera vez no me intereso, me pareció una bobería más.  Pero, entrando más profundo al tema de la forma en que los humanos "aprendemos" , me fuí dando cuenta que este "arte" se ocupa de fabricar mensajes metafóricos para hablar directamente con el incosciente, actos simbólicos cargados de significado, imposibles de procesar al ritmo del lenguaje escrito o hablado.

Así también me fuí dando cuenta del impacto que generan las campañas políticas anticipadas, la presencia en las calles, el espacio aéreo colmado de rótulos publicitando a cualquiera de los más de veinte candidatos.  Y así, regreso a mi casa, con la mente llena de colores, basura y una saturación mental que se refleja en metáforas, en las que mi incosciente sueña y rechaza tanta porquería ¿cómo es posible? después de todo llego a la misma conclusión, Guatemala, ni a verga es un país para vivir.

 

TODAVÍA ESTAMOS VIVOS

Estimad@s amig@s:  Por cuestiones de logística nos hemos dado una pausita, pero, estamos listos para seguir con más fuerza.

Saludo pues, y esperamos que esperen con ansias todo lo bueno que vendra de ahora en adelante.

Atentamente,

Los escritores

Sobre la crisis en Honduras

Desgraciadamente, la historia es la única ciencia social que se puede llamar "exacta", porque se repíte.  Estas eran las palabras del doctor en Historia que nos daba cursos durante todo el largo verano del 2003.  Retomando sus palabras, puedo decir que con lo que se ve en Honduras hoy día, el profe tenía la boca atorada de razón, la historia, y lo peor la de los desastres, se repite....

Y lo peor sería, que la delegación que ha enviado el actual presidente de Facto encuentre eco en las instancias internacionales, si así fuera, estaría todo orquestado y los hondureños condenados a resistir las atrocidades de su élite oligárquica.   Remarcan una y otra vez que Honduras es un país pequeño, tanto los que están a favor o en contra de Mel...sin embargo, será esto una forma inconsciente de retomar la baja estima nacional y asumir que nada cambiará?...terrible si así es... Solamente queda tiempo y espera, para ver qué sucede con las jugadas de los aliados de Goriletti.

 

Diarios de Motocicleta

Pablo Rangel

Dedicado a todos aquellos que a diario luchan por sobrevivir a través del intento de suicidio en las calles, para todos aquellos que su pasión por la velocidad ha sido domada, uniformada y utilizada para el beneficio de alguna señora menopáusica que vendiendo comidas procesadas se ha consolidado como millonaria.

En fin, dedicado a todos aquellos motoristas que moviéndose como ratones en laberinto recorren las calles de la mal diseñada y poco cuidada “Ciudad de Guatemala”. Para todos ellos, ¡amigos! Aquí les va este breve cuento. –Pongan un ratito la moto en neutro, quítense el casco, apaguen el celular y leamos esta corta historia-

Sala de Emergencias, Hospital Roosevelt, 19 de abril 2006 9:00 a. m.

Enfermero:“!Uuuyyy hoy si te jodiste mano¡ fractura de tibia peroné y articulación, ¿jugas fut?”

Paciente: “simón”

Enfermero: “pues olvidate de meter goles porque ahora sonaste a sapo, barato, barato te echás año y medio en la recuperación si no es que más, porque ahí te van a poner tornillos y a veces se te infecta y no pega, en fin, te llevó la gran puta…pero no llores, si eras gallo para andar en la moto ahora tenes que hacerle huevos”

Paciente: “nel pero vas a ver que me recupero rápido, me acabo de casar y Dios me va a ayudar”

Enfermero: “ya vas…ahorita que venga el doctor le enseño las radiografías y a ver qué onda… ¿y quién te tiró a la mierda pues?”

Paciente: “la señora que está afuera”

Enfermero: “vos decís la señora esa que parecía como hippie”

Paciente: “simón”

Enfermero: “jajaja, esa doña ya se fue a la mierda, dijo que tenía una reunión con sus compañeras, ni dejo numero ni nada solo dijo que te ayudó y vino a dejarte”

Paciente: “!ah vieja más cerota¡”

Una fuerza sobrenatural colmó el ánimo de Kevin, lo hizo saltar de la camilla, con el pie izquierdo doblado para atrás, como si caminara en reversa salió al pasillo de la emergencia del hospital Roosevelt, con los guantes todavía puestos y el celular colgando en el cuello alcanzó a ver la orilla del morral de la señora “hippie” que salía cerrando la puerta de la emergencia.

Kevin le gritó a la mujer policía de la puerta “agarre a esa pisada que es la que me tiró a la mierda”.

La policía indignada le responde “primero, yo no soy su sirvienta, segundo, a las mujeres no las va a minimizar con adjetivos como pisada, tercero, la señora que usted tanto odia es licenciada en Antropología y ha llegado a la sede de la PNC a dar talleres sobre femicidio y los derechos de nosotras las mujeres”.

Kevin reformuló su petición en otros términos: “por favor agente detenga a la licenciada con quien tuve un accidente”.

Entonces la policía respondió “no lo hago pues esa actitud suya debe ser reformada de alguna forma, además que no tengo pruebas que comprueben que ella esta involucrada en un hecho que intuyo es culpa de su despreocupada actitud”.

Entre todo, la licenciada ya había llegado a la pasarela del Guarda enfilando hacia la zona 1 para desaparecer por completo.

Así empezó el calvario de Kevin Neftalí. Recién casado y con 21 años de edad.

Su pena no sería en solitario, pronto tendría compañía. Mientras estaba en la emergencia llegaron cinco motoristas que quedaron parqueados a su lado, el primero en llegar le contó que trabajaba para una pizzería y en un cruce de la zona 10 lo aventó un carro de PROVAL, al caer se quebró los brazos. El segundo, fue a hacer una entrega a la zona 7 pero un pick up que iba adelante frenó de repente y chocó contra la palangana, el motorista cayó de regreso sobre el timón de la moto que le partió las costillas. El tercero iba en medio de las dos filas de carros y unos estudiantes de colegio, manejando sin licencia, se lanzaron al otro carril atravesando el carro, chocó y voló directo al arriate quebrando el casco contra un árbol, además, la nariz y la mandíbula. Y los últimos dos, llegaron inconscientes pues parece que discutieron con un conductor que iba armado y les pegó nueve tiros, a uno 5 y al otro 4.

Así, empezaron los peores días de su vida. Jamás había sido sometido a tantas operaciones. Lo abrieron para que un practicante le reconstruyera la pierna, se notaba que no sabía pues tuvieron que abrirlo tres veces.

Cuando sentía que moría entraba de vuelta a la sala de anestesias donde la muerte aparecía cagándose de la risa.. La primera le salió la clásica pelona, con guadaña y sudadero negro, en la segunda la vio con un uniforme de la PNC, en la tercera la vio con pelo largo y llena de collares con un morral, caites y una falda típica larga (igualita que la mujer que lo aventó).

Kevin pasó en gran pedo los días del hospital, ya hasta le estaba gustando, al tercer día lo sacaron, su suegra tuvo que pagar casi quinientos quetzales. En el hospital le cobraron los tornillos y acero que le pusieron en la pierna, encima, le dejaron una cosa como escalera atravesada, parecía como truco de magia, de esos que atraviesan los brazos con una espada, solo que en este caso no eran pajas, los hierros estaban bien metidos en la carne. Le hueviaron el celular y encima un guante, el casco se fue entre el carro de la mujer que lo aventó y su bolsita con los vueltos se la huevió un niño que vio toda la escena.

Y después del hospital…

Fuera del hospital estaba Jennifer, su esposa, de 17 años, esperándolo en un taxi.

Ya subido en el taxi Kevin no aguantó, se puso a llorar, había soportado demasiado, su esposa lo abrazó y le dijo “no se preocupe mi negrito, va a ver que rápido se va a poner bien y va a poder trabajar”, el taxista volteó a ver con desdén y una sonrisa burlona. La esposa de Kevin reaccionó y le dijo “!usted sho hijueputa¡”, el taxista se molestó y le dijo “!bajate de aquí cerota, anda a ver a que bar vas a dar el culo¡”.

Ella sintió que le hervía la sangre y no dijo nada, solo le indicó el camino a casa, que no era casa sino una champa cerca del cementerio la Verbena. Ella le pidió al taxista que le ayudara para entre los dos llevar a Kevin adentro. El tipo accedió de mala gana.

Cuando Kevin estuvo bien sentado en una silla del comedor, la esposa le dijo “vamos afuera, ahí le pago”, el taxista salió, pero Jennifer no quería que las cosas quedaran así, sacó un cuchillo y lo siguió afuera de la champa, el taxista escupió al piso y se volteó para recibir el dinero, sin mediar palabra, Jennifer le dio una cuchillada en la cara y otra en la panza, el tipo cayó al piso, ahí ella le pegó en la cara con la punta del tacón tomó su billetera y el dinero que estaba en el taxi. Al mismo tiempo pasaban dos jóvenes del barrio, ella les dijo “sobres, les encargo a esta basura”, ellos respondieron “me extraña”, así, subieron al taxista agonizante y se adentraron a la Verbena con todo y taxi.

A la semana del accidente…

La moto quedó despedazada, pero poco a poco la esposa de Kevin la fue reparando.

Con lo que le pagaban (trabajaba en una librería) compraba los repuestos: el timón, las manecillas, los cables de clutch y frenos, el tanque, el tenedor, los espejos etc. Así, en cuatro meses levantó la moto y aprendió a manejar en un par de horas.

Kevin seguía recuperándose, pero la cosa iba para largo, entre radiografías, antibióticos, analgésicos, vendas etc. no les quedaba nada de dinero. Así, que ella decidió, aunque estaba en el cuarto mes de embarazo, empezar a trabajar en la moto.

Coincidencias…

Un día llegó a dejar unas hamburguesas a una casa de la zona 1, de pronto, salió una mujer mayor con pelo corto.

La mujer puso cara de asombro al verla, después de hacerse la estúpida le dijo “¿mamita, tu trabajas en la moto?”

Jennifer respondió “sí, seño”

La mujer le dijo “sos una mujer ejemplar y ejemplo de lucha para las mujeres, así que pasa adelante que te vamos a dar un regalito”.

Jennifer se puso roja de la vergüenza pero entró a la casa. Al entrar vio que había un grupo de mujeres reunidas, la mujer de la entrada la presentó y dijo “¡eh aquí una mujer ejemplo!

Todas se pararon y le dieron un gran aplauso, además, le regalaron un morralito típico y le pidieron que se dejara tomar unas fotos.

Una de ellas, de pelo largo, salió por la cámara de fotos. Jennifer la siguió con la vista hasta la calle y vio que el carro de donde sacaba la cámara tenía un choque adelante, al ver con detenimiento, vio que el golpe tenía pintura roja, como la de su moto.

Jennifer preguntó, “¿seño, qué le pasó ahí?” ,

Ella respondió “un motorista idiota se metió de repente y como yo iba encendiendo un cigarro no me di cuenta y lo tiré”

Jennifer“¿ah sí?”

Señora: “sí, pero no te preocupes que no me lastimé, de todas formas fue hace cuatro meses”.

Jennifer no necesitaba muchas señas para darse cuenta que había sido la misma que había atropellado a su marido. Sin embargo, soportó el homenaje y las fotos, al salir dijo “gracias señoras pero me voy porque tengo que trabajar”…otra vez aplausos…

Se escuchó que la moto encendió y se fue.

Las mujeres opinaban “que mujer tan arrecha ¿verdad?”, “síiiii” decían unas y otras más cínicas dijeron “pero es que se nota que le falta educación, además que si es feíta, así como sirvienta” “jajajaja” dijeron todas.

A los cinco minutos entro olor a quemado a la casa, entró la sirvienta y dijo “¡seño, el carrito blanco se está quemando!”. Una de ella dijo “¡no puede ser el mío, todavía lo estoy pagando es nuevecito!” salieron todas a ver y el carro ardía en llamas, estaba sin llantas, con los vidrios rotos y en la pared escrito “aprende a manejar hija de la gran puta” firma: “tu madre”.

La dueña se tendió a llorar y las otras dijeron “éste es un proceso sistemático de hostigamiento, seguro que es un paso previo al femicidio”.

La sirvienta corrió a la cocina para llevarles agua para calmar los nervios. Cuando volvió le gritaron “¡estúpida no se da cuenta de lo que pasa, analfabeta de mierda!”.

La señora bajó la cabeza y se fue a la lavandería, sacó su celular, marcó un número…otra voz de mujer respondió “ya estuvo mama, le eché fuego a esa mierda” la señora contestó “ contale a Kevin así se va a sentir mejor”.

Dos años más tarde….

Ahora Kevin ya camina medio bien y trabaja en una oficina de trámites, su hijita tiene dos años y la moto la maneja Jennifer, ahora no la usan para trabajar solo para salir los tres rumbo a Amatitlán los fines de semana.

En la esquina del no lugar

En la esquina del no lugar

Mario Castañeda

Camino entre las venas del no lugar. Los tiempos se conjugan en mi pensamiento y me llevan circularmente a sentarme frente a la pantalla de la memoria para que los fotogramas me muestren ese viento que soy en el tiempo.

Transito por una de esas venas que es de larga distancia, de mezcla perfecta de olores contradictorios y colores diversos: algunos repugnantes y otros digeribles a sus respectivos sentidos. Le llaman la 7ª. Avenida y entrelaza con sus esquinas la 19 calle de la zona central. Me bajo de la chatarra ruidosa y ambulante cuyo último punto de llegada es un aparente lugar donde convergen el adiós, el miedo, la sospecha y abundante humo. Humanos que unos a otros vigilan como se acercan o se alejan de los diferentes animales públicos que se enrumban a otros espacios del no lugar.

No puede faltarme el mp3 con sus respectivos audífonos y a todo volumen. Hermética suena con Soy de la Esquina. Le zoco el volumen y Claudio O´connor brama intensificando mi placer por el metal pesado, por la vida de barrio, por las esquinas que transité en los primeros años de juventud. Curiosamente recordándolos en otra esquina:

Cervezas en la esquina

del barrio barón

rutina sin malicia

que guarda razón

Mi libertad era en esos años un abanico de líneas delgadas concatenadas como fronteras a la libertad de otros seres urbanos. La esquina de una cuadra fue, entre otros motivos, el espacio para ser. Una bebida en botellas de vidrios polarizados nos daba estatus de adultos cuya única malicia era precisamente la intención de ser adultos. Era una razón.

Quien olvidó las horas

de su juventud,

murmurando se queja

ante esta actitud.

Pero nuestras libertades no eran eso para los mayores. Éramos para algunos, solo vagos, patojos que hablaban tonterías creyéndose grandes, los que fumaban algo extraño y se reían por horas, los que añoraban degustar los senos primaverales de muchas mujeres, o por lo menos de alguna.

Ya voy sobre la 7ª entre 16 y 15 calles. Policías y soldados me ven a los ojos y me retan con su desconfiado mirar. Chaparros, con las manos sobre el M-16 o la 45. Camino erguido, orgulloso de ser más alto que ellos. Vigilan y cumplen mecánicamente las órdenes. Claudio y compañía insisten y regreso a la esquina:

Allí esperan mis amigos en reunión

mucho me alegra sentirme parte de vos.

Conversando la rueda ya se formó

y las flores se queman buscando un sentido.

Eran vacaciones. Desde las 3 de la tarde la chamusca comenzaba. Cansados, sucios, golpeados y empapados de sudor por jugar fut y de vez en cuando por pelear con los del otro equipo, nos disponíamos a hacer la rueda, iniciando con el correspondiente saludo que consistía en chocar la palma de la mano derecha sobre la del otro, deslizar rápidamente las mismas hacia el pecho propio con ligero quiebre que enlazaba las puntas de los dedos para después volver al contacto de las palmas en forma de corto aplauso y cerrar el rito con un choque de puños cerrados.

La conversación se daba. El no lugar era momentáneamente nuestro hasta que llegaran los bronqueros de otras esquinas retándonos con la vista y el caminado o la policía a pedirnos papeles y amenazar de llevarnos al bote solamente por estar sintiéndonos parte de los demás. El riesgo era parte de esa libertad; ser desafiantes, pero, sobre todo, hacer interlocución para la identidad esquinera de barrio en el que hoy ya no estamos. En fin, es un no lugar.

Mientras la noche muestra

la calle en quietud,

la intuición esquinera

encendió mi luz.

Tu risa amiga

alejó mi soledad,

esos momentos que viví

no he de olvidar.

Allí esperan mis amigos en reunión

mucho me alegra sentirme parte de vos.

Llego a la 13 calle sobre la 7ª avenida y mis pasos hablan de lo que soy. El recuerdo fluye a través del andar. Los pies hablan al caminar. Reflejan eso que biológicamente se transformó pero que en expresión dialéctica de la realidad se busca y se encuentra en la libertad, en la memoria y entre las venas del no lugar.

Sé que muchos cavilan

buscando el por qué,

preferimos la esquina

y no mirar tele,

yo la creo vacía de realidad,

la verdad en la esquina está latiendo.

Apenas comenzaba la televisión por cable. Privilegio para pocos. Televisores todavía en blanco y negro porque no teníamos para ver a colores Capital e ideología. Preferimos la esquina y una grabadora. Era mejor la unión al escuchar musicón a todo volumen. Éramos nosotros y la quietud de la noche atravesada por la daga del rock and roll y las verdades callejeras: drogadictos, la pandilla del barranco, el campo de fut con su cancha de tierra y piedras, niños y adolescentes que diez meses del año trabajaban por las tardes e intentaban estudiar por las mañanas. La tienda con sus borrachos, el lenguaje barrial, conocer los prostíbulos, entre otras humanas situaciones. Palabras en la esquina, en el no lugar de las infinitas posibilidades.

Aunque me echen hoy

mañana volveré

y con cerveza

la amistad reflejaré,

tu risa amiga

alejó mi soledad,

esos momentos que viví,

no he de olvidar nunca más.

Nunca más.

Esquina de la 7ª y 11 calle. Me saluda el indígena que viste su playera de AC/DC. Lleva su venta de calle a guardarla en el local que alquila. Me quedo en la esquina pensando en los recuerdos de hace dos minutos y veo a los ojos de los demás animales públicos que en ese instante se asoman o se alejan, y creo que mis pupilas pueden ser cristales que reflejen mi otredad.

Intento hablarles sin cerrar los párpados y busco respuestas para comprender cómo transitan las venas de la urbe, si se sienten animales públicos con diferentes niveles de rebeldía en el baile de máscaras que el capital teje dentro de la supuesta modernidad donde los caprichos de una oligarquía históricamente retrógrada hace culto al disfraz del progreso, o bien, si se esfuman entre el humo de la subalternidad que rige nuestro teatro de democracia. Mientras, O´connor me recuerda con su último aullido que él y su banda fueron también una posibilidad en el no lugar, en la esquina del no lugar.

Ciudad de Guatemala, 17 y 18 de febrero de 2008

Un muerto en el no lugar

Un muerto en el no lugar

Mario Castañeda

“El vecindario que le sonrió de niño

lo denunció por verlo muy despreocupado.

Y al no querer herir a quien lo trajo a vida,

anda por la ciudad dormida sin lugar donde parar.

(…) La sociedad lo adopta como hijo de puta,

por eso escapa de la yuta cuando duerme la ciudad.”

Cuando duerme la ciudad

Hermética

DC: Víctimas del vaciamiento, 1994.

Antes de iniciar con la lectura de este texto se sugiere leer el artículo publicado en esta revista electrónica el 5 de enero de este año titulado: “Transitar las urbes”.

En el no lugar transito. Las balas transitan también en el no lugar. Un animal público transita de día o de noche en el no lugar sin saberlo, sin pensarlo, solamente guiado por su conducta patológica a través de los vericuetos de la violencia. Por momentos ese animal es visible, luego, después de unas cuantas balas en su cuerpo se convierte en un repugnante objeto que ocupa el espacio de un punto aparentemente fijo. Una banqueta.

Nunca vio el progreso, nunca supo de él más que en el artefacto que le servía de defensa y de ataque. Esa escuadra cromada que hirió y mató a saber a cuantos desconocidos “enemigos” que poseían lo que él deseaba o lo que necesitaba. Pero además de ella, la psique se convirtió en su arma preferida.

Mientras, jugaba el ajedrez de la vida afinando los medios para llegar al fin: Matar o morir. Probablemente varias veces mató, una vez murió. Para muchos animales públicos valió la pena su muerte: “se lo merecía por ladrón”. Para otros significa ahora no tener comida o mota o guaro o coca o leche o pan o a saber qué… para otros no importa.

Ese ladrón, ese animal fue tan pardo como todos los gatos por las noches, transitando por la urbe en búsqueda de un aparente punto fijo que nunca existió. Solo existieron los encuentros con otros animales públicos que tenían lo que él deseaba o lo que necesitaba. Trascendió en un bus. En una de esas camionetas viejas que se usan para transporte colectivo. Fea. De esas en las que no caben las piernas entre sus asientos. El no cupo en ellos ni vivo ni muerto. Nunca transitó el no lugar para ir a un trabajo como los supuestamente normales animales públicos, es decir, un trabajo asalariado, con horario, con jefe y subalternos, con oficina, corbata, cafecito o atolito en la esquina a las 10 a.m., salario mínimo, almuerzo de 10 pesos en el mercado y salida a las 5 en punto de la tarde si no había que hacer horas extras.

En la urbe maquillada el ladrón quedó muerto. Cuarta avenida y doce calle: números forzados de la zona 1 para inventar un punto fijo donde yace un muerto, regando con su sangre esa banqueta donde seguirán transitando ignorantes o indiferentes decenas de animales públicos quizá improvisando posibilidades, por ejemplo: si un piloto de camioneta hace la parada no en la esquina obligada sino en la inicial de la cuadra siguiente y tendrán que correr para subirse a ella; o esconderse si llueve; o talvez obviar si la policía registra a X animal público hasta en sus partes íntimas en busca de armas o drogas; o quizá si una o varias balas acertaren en el cuerpo de Y animal público por pura casualidad, mala suerte o buena intención. En fin.

El ladrón pasó de ser un invisible animal público a un objeto tirado en la banqueta que los noticieros, ávidos de morbo, muestran en cajitas cuadradas o primeras planas de colores. Los reporteros, también animales públicos que transitan las urbes buscando verdades para transmitir normalmente mentiras, cumplieron con su rito laboral para saciar la sed de muerte que flota en el imaginario colectivo.

Hicieron la nota y en carrera salieron buscando otra noticia para llenar espacio. Dejaron entonces olvidado en el espacio del no lugar a un animal público que murió guiado por su conducta patológica a través de los vericuetos de la violencia. Por momentos ese animal fue visible, luego, después de unas cuantas balas en su cuerpo se convirtió en un repugnante objeto que ocupa el espacio de un punto aparentemente fijo. Una banqueta, después la morgue, y finalmente el cementerio.

Para muchos animales públicos valió la pena su muerte: se lo merecía por ladrón. Para otros significa ahora no tener comida o mota o guaro o coca o leche o pan o a saber qué… para otros no importa.

Una estadística más en una urbe transitada sin que la mayoría de los animales públicos que la recorremos buscando trabajo, muerte, amor, paz, camionetas, dinero, sexo, drogas, leche, pan, luz, ruido, silencio, locura o cualquier otra cosa, comprendamos las fronteras que el capital a través de la clase nos hace pensar, ver y sentir, por muy invisibles que sean.

Mientras, la oligarquía guatemalteca y los empresarios extranjeros siguen reproduciendo en la actual expresión neoliberal del capitalismo las injustas relaciones sociales en el no lugar, sin importarles nada más que el dinero en su aparente aumento natural, -según las leyes del mercado- esa ficticia mano invisible que todo lo rige, que convierte en objeto de culto a toda mercancía y que se escuda en el falso discurso del progreso, ese que el ladrón muerto en la cuarta avenida y doce calle de la zona 1 nunca supo de él más que en el artefacto que le servía de defensa y de ataque. Esa escuadra cromada que hirió y mató a saber a cuantos desconocidos “enemigos” que poseían lo que él deseaba o lo que necesitaba. Pero además de ella, la psique se convirtió en su arma preferida. Mientras jugaba el ajedrez de la vida afinando los medios para llegar al fin: Matar o morir. Probablemente varias veces mató, una vez murió.

Para muchos animales públicos valió la pena su muerte: “se lo merecía por ladrón”. Para otros significa ahora no tener comida o mota o guaro o coca o leche o pan o a saber qué… para otros no importa.

Ciudad de Guatemala, 4-5 de febrero de 2008.

CUANDO EL NO SER LLEGO CON UN AMIGO AL NO LUGAR Y COMIÓ UN POCO DE NEGACIÓN Y SE LO BAJO CON UN POCO DEL NO BEBER

Pablo Rangel
prangelr@gmail.com

En el no-lugar la dimensión fatal de la realidad se hace presente, el nacer y morir se evidencian con tal magnitud que la única verdad reluce con un potente brillo que encandila cualquier ojo, cualquier mente y cualquier ser existente.

Pero ¿qué es lo que existe en el no lugar? ¿Qué es la verdad? ¿Puedo experimentarla y después comentarla?

De repente y a través de la siguiente conversación podamos explicarlo.

Miguel es estudiante de filosofía y Byron es repartidor de embutidos. Ambos son amigos desde la infancia, pero Miguel aburre a Byron con sus largas disertaciones y Byron aburre a Miguel con sus poco profundas pláticas, sin embargo, algo los une y los hace ir seguido a comer carnitas al no lugar.

Los dos amigos se hacen acompañar de media libra de carnitas, media de chicharrón, porción de guacamol y porción de rábano. Por lo menos 6 quetzales de tortillas y un litro de cerveza.

Como dando una cátedra Miguel explica:

Envolvemos dos trozos de carnita con una tortilla, le echamos una cucharada de guacamol y una de rábano, la llevamos a la boca y en la primera mordida sentimos cómo las papilas gustativas se llenan del sabor y segregamos mucha saliva al sentir la mezcla de las fibras de rábano con el sabor a limón, sal y aguacate del guacamol mientras, nuestros dientes llegan firmes a la carnita que al ser mordida expulsa aceite y da un sabor aún más salado a nuestro paladar.

Byron: vos cerote solo hablando mierdas, vos tanto que pensas y ni siquiera disfrutas tu vida.

Sin preocuparse por el comentario de Byron, Miguel continua disertando sobre sus temas filosóficos

Miguel: La verdad existe solamente en el no-lugar, ahí donde el cerebro

no puede comprender, especialmente ahora que se ha desmitificado la falsa afirmación que solo usamos el 10% de nuestra capacidad cerebral, porque es mentira, lo utilizamos todo, si no se usara todo, no habría ningún lugar donde se transmitieran los impulsos eléctricos que dan movimiento a las neuronas. Pero bueno, la verdad es una que no podrá ser experimentada cerebralmente, no tendrá explicación ni servirá para redimir nada, no podremos entenderla porque igualmente la vemos día a día y hasta hoy no hemos podido descifrarla, no tiene ningún tinte político, religioso, académico ni nada, es solamente algo que está ahí y que nos hace parte de algo que no podremos explicar para qué diablos sirve.

Byron: ¿y entonces para qué?

Miguel: para…

Byron: perame solo voy a pedir…¡Una servilleta por favor! Se me cayó el guacamol en la camisa, gracias, señorita y por favor otro litro.

Miguel: ¡¿Qué para qué?! A me extraña mano, para vivir una vida más de ahuevo jajaja

Byron: ya vas vos mula!

Miguel: ¡Puta! Ya estoy algo a verga vos cerote…Va pero perate puesnnn te sigo contando…. Pues mira, la onda es que la verdad, es bien de ahuevo y vos sentila mano, en otras palabras que todo te pele la verga mano…

Byron: Ah! Pero así me vuelvo pelaverguista

Miguel: No hombre, no seas mula, que lo mires todo con amor ¡mula!

Byron: Jajajaja tu madre cerote, yo no soy hueco

Miguel: Ah pues sí, si la verdad es ternura cerote, como me costo contártelo viste

Byron: ¿Y qué quiere decir la ternura pues?

Miguel: Pues lo que dice es que sintas mejor con el corazón las cosas y que ames todo desde el no-lugar.

Byron: ¿Quién dice?

Miguel: yo mula!

Byron: Todo?

Miguel: Simón

Byron: Pero yo no puedo amar a un pisado que me ha maltratado

Miguel: A huevos que no, pero si logras ver las cosas con el corazón te das cuenta que lo bueno y malo es una cuestión creada por el hombre y no tiene nada que ver con el mundo de la realidad, es decir de la verdad, todos nos enfrentamos con sentimientos prestados a una realidad personal y metafísica, que solamente a uno le pertenece y a nadie más.

Byron: Puta! Ta pisao!, mirá, pasáme tu vaso cerote que te estas quedando atrás.

Miguel: Mira pues, solo voy a orinar y ahorita vuelvo, pero quedamos claro que no existe nada bueno ni malo va?

Byron: Simón, dale, pero apurate cerote que después voy yo, y mirá si hay papel que de repente voy a ver a Hugo Chávez

Miguel: ¿Por qué a Chavez?

Byron: Voy a Caracas

Miguel: Tu madre mula, va pues ahorita vengo

De repente Byron se quedó sentado viendo a la mesera que estaba atendiendo, y pensó “si me le quedo viendo de repente y la puedo besar”. De pronto se dio cuenta que Miguel no volvía, se tardaba horas y no regresaba…se empezó a desesperar y se quedó pensando mejor en lo del no-lugar y la verdad y sentir con ternura. De repente, empezó a sentir escalofríos y se empezó a cagar de la risa, veía todo diferente, incluso sentía que todo el mundo lo veía y tenían razón, él amaba a todos y todos lo amaban a él. Pero en el fondo estaba asustado, no entendía que pasaba. De pronto, vino a su cuerpo un sentimiento que jamás había experimentado, sintió algo parecido a un orgasmo y empezó a llorar y a sentir una alegría indescriptible. Se paró asustado, quiso caminar hacia el baño a buscar a su amigo, pero sintió que caminaba extraño y que todo el mundo le sonreía y le decía que él era lo máximo. De pronto siguió caminando y sintió que una gran luz se acercaba a su cabeza y estallaba mientras él sonreía extasiado.

De pronto, todo se borró, Miguel llegó y le dijo “vos cerote, fijáte que la chava que está alla me dijo que le gustas”, él preguntó “¿dónde estabas mano?” el otro dijo aquí, solo fui a orinar pero no me tardé ni dos minutos…

Byron esa tarde experimento la verdad, y por fin entendió que la verdad solamente podrá llegar en el no-lugar y a través del no-ser…pero ¿en dónde existe ese lugar?

El no- lugar existe donde habita el no- ser y por lo regular a la hora del no-estar. De repente y ustedes también podrán llegar…al menos sabemos que en el no- lugar se venden buenas carnitas y se devela la verdad, que en el fondo no tiene ningun sentido y no va a ningun lugar.

transitar urbes mario castaaaeda auyo soy

Transitar las urbes

Mario Castañeda

“Yo soy exactamente lo que ves –dice la máscara- y todo lo que temes detrás.”

Masa y poder, Elias Canetti

En: El Animal Público

Manuel Delgado

Transeúntes con lugar y no-lugar. Lo que se llama espacio no es como lo entendemos. No es un punto fijo al que le asignamos por suposición, costumbre o creencia una inamovilidad; no es ese lugar fijo al que llegamos o del que partimos.

En la urbanidad de la supuesta modernidad (y posiblemente de la postmodernidad) nuestros pies nos guían –ordenados por el cerebro o por las emociones, o quizá ambas- hacia una dirección pensada, deseada u obligada. En ese trayecto, lo impredecible es un abanico de posibilidades dentro de lo ritual.

Los lugares de paso, que pueden ser muchos: universidades, paradas de buses, restaurantes, bancos, instituciones privadas o públicas, bares y un largo etc., son solamente eso: lugares de paso. A través de ellos la mente de las personas puede darle vida a otras posibilidades que impliquen miedo, tranquilidad, sospecha, rabia, placer, alegría y otra serie de emociones propias de ese animal público que es el humano, según propone Manuel Delgado.

En palabras de Baudelaire, el transeúnte urbano es el más celoso guardián del umbral, es el que camina en ese espacio (el umbral) al que, en términos Kantianos, podría definirse como la posibilidad misma de las conexiones; a ello sugiere Delgado agregar –haciendo referencia a Richard Sennet- que en esa posibilidad de conexiones se encuentran las experiencias propias de la otredad.

La cotidianeidad en nuestra sociedad cruza esas fronteras delgadas del espacio que son intangibles pero que existen. Son fronteras y nada más. Susceptibles de posibilidades impredecibles en el espacio disponible donde el individuo es el protagonista.

Me parece interesante la postura de Michel de Certeau, quien hace analogía de la relación que establece el peatón con el espacio que recorre y la de los cuerpos de los amantes entre sí, que cierran los ojos al abrazarse. Según Delgado, Certeau propone que todo lo que está separado está unido por aquello mismo que lo separa (…) en el abrazo amoroso, ¿cuál de los cuerpos en contacto posee el límite que los distingue? A lo que responde: ni el uno ni el otro. La idea de frontera remite a la intermediación, un vacío concebido para los encuentros.

En el plano de nuestras relaciones sociales, y concretamente en la urbanidad de nuestras ciudades, nos es difícil comprender que hablamos al caminar. El permanente hacer de una voz muda que la ven muchas personas pero que no la observan y menos escuchan, es parte de ese silencio deliberado y persistente que cunde en nuestros imaginarios. Es resultado de males históricos y estructurales. Efecto a veces consolador del martirio diario de un desorden social concebido para mantener el sistema, utilizando para ello, somníferos diversos que mitigan lo desagradable y lo hiriente.

Pensar la ciudad, caminarla y recorrer lugares de paso es parte de nuestra rutina, pero ésta última no permite que la interacción trascienda esos lugares de paso para mejorar nuestras relaciones y maneras de vivir. Y no lo permite porque no es solamente cuestión de actitud, de un cambio positivo como ha pretendido lograrlo nuestra infausta oligarquía. Radica en que la ofensiva neoliberal sustentada en la defensa a ultranza de la propiedad privada, la mercantilización de los servicios públicos, el adoctrinamiento de masas mediante el consumismo en la era de la información y la tecnología como herramienta de dependencia, ha profundizado la herencia colonial y liberal en tanto formas de permanencia del status quo y sus deplorables mecanismos de control y expoliación.

Urge pensarnos en el no-lugar y cómo ese trayecto lineal de nuestros cuerpos y mentes que forman parte de la rutina de nuestra urbanidad a pesar de sus pequeñas rebeldías individuales frente a los ojos del control social, no son todavía impredecibles abanicos de posibilidades frente al fetiche del capital y su expresión total y contradictoria: el capitalismo. Son solamente eso, pequeñas rebeldías que no se articulan colectivamente para ser rebeldías mayores capaces de traspasar esas fronteras que los ideólogos, administradores y ejecutores del neoliberalismo dosifican a través de iglesias, medios masivos de información, educación y oferentes de servicios.

Se necesita en esta confusión de modernidad y postmodernidad donde subyace la supuesta mano invisible del mercado, un nuevo animal público que traspase los límites de la experiencia posible individual y colectiva. Un nuevo animal social que no vea las calles como puntos fijos ni su ser como forma rebelde hasta donde permiten la ley y sus hipotéticos cumplidores. Es necesario un animal público, un transeúnte que busque entre el baile de máscaras la libertad desde el no-lugar, espacio que debiera ser de todos y de ninguno.

Ciudad de Guatemala, enero 4-5 de 2008.