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La Coctelera

dramaticon

30 Octubre 2007

Mano dura – Mano aguada

Mario Castañeda
Ciudad de Guatemala, Octubre 25-26 de 2007

El falso juego de la también falsa democracia en que vivimos, está llegando a sus últimas consecuencias previo a la instauración del formalismo que instituye la nueva fase de las contradicciones neoliberales.
El punto es que dentro de la crisis que está gestándose en las fauces del capitalismo, el sistema se reacomoda en función de demostrar que quienes lo dirigen tienen el suficiente poder y hacen caso omiso de la dialéctica para mantener sus intereses.
El escenario político actual en Guatemala presenta un panorama nada alentador, si es que nos dejamos llevar por la única vía que nos han hecho creer: las elecciones. Resulta que hay dos partidos aparentemente distintos en sus propuestas y mecanismos para sacar a este paisito de la miseria y devolver la seguridad a sus habitantes. Por un lado, el de la mano dura, y por el otro el de la esperanza o mano aguada, dicen algunos.
La verdad es que la única diferencia que hay entre ambos es que el presidenciable de uno viene de una práctica de terror y el otro de una práctica de negociaciones políticas con diferentes sectores de dudosa procedencia (entiéndase empresarios, políticos y otros especimenes de grueso calibre). Pero ello no significa que estos presidenciables y su imagen sean el todo de lo que ofrecen.
Si observamos y escuchamos con atención al caporal Sinibaldi, encontraremos a alguien que no está dispuesto a perder sus privilegios y a profundizar las diferencias sociales. Su discurso se basa en alabar la inversión extranjera como generadora de empleo y fortalecer la propiedad privada. Su compinche, Pérez Molina, afirmó recientemente que no habrá en su gobierno reforma agraria por ser algo obsoleto, algo de los años 60, algo que debe quedar en el pasado y que el desarrollo se genera solamente fortaleciendo el clima para inversionistas.
Pero Colom y su doctorcito no se quedan atrás. También están muy de acuerdo con la flexibilidad laboral y fortalecer la inversión extranjera. Y aunque anden por diferentes puntos del país dialogando con representantes de organizaciones sociales y prometiendo el desarrollo rural, nunca hablan claro de una reforma agraria integral. No les conviene. Y es que se vienen encima, además de la ya evidente destrucción agrícola con la importación de productos que han desplazado a los que tradicionalmente se producían en esta región, y la destrucción cultural de estos pueblos: las transnacionales, los proyectos hidroeléctricos y la explotación minera, ésta última, que el mismo Colom en su propaganda ubicada en los departamentos de Zacapa e Izabal afirma que va a apoyar; esto tendrá que hacer pensar a quienes voten que en esta lógica de democracia dirigida al peor de los estilos oligárquicos, voten por quien decidan votar, van a tener el entreguismo propio de los serviles a Estados Unidos, a la Unión Europea, Taiwan, pero esencialmente al capital en todas sus expresiones.
Que porque Colom no ofrece mano dura todo va a estar mejor, pues no. Simplemente va a dejar que siga la lógica que hasta el momento manejan ONG´s, embajadas en el país y la burocracia constituida por sus colaboradores, que vienen –algo que no es de extrañar- de otros partidos políticos, incluyendo a gente de la izquierda.
Y es que la farsa y el gusto por ser parte del rebaño, sea por búsqueda de identidad, sea por dádivas, hace que el montón baile al son que le toquen. Sin razonar el por qué de su participación en la contienda electoral, validando la herramienta que nos ahorca, y legitimando a la clase que domina pero que es dominada por sus accionistas mayoritarios en el extranjero.
No hay diferencia para estas elecciones. Solo la mano dura, mano dura que no es novedad porque muchos ciudadanos la ejercen impunemente. Les gusta, la reproducen, quizá porque no hay justicia, quizá porque más de quinientos años de látigo, gritos y balas nos acostumbraron a reconocer la otredad desde la dominación y el servilismo. Muchos aseguran que la represión tomará una forma más militar si llega el partido patriota al poder, algo que posiblemente sea cierto, pero que ya está en el ambiente desde hace años. Esto no se duda cuando revisamos la violencia cotidiana no solo en los medios de información sino en la vida privada de las personas y las relaciones sociales y laborales.
Basta con percatarse de que don Otto Pérez no quiere participar en debates, ya sea porque le da miedo quedar mal hablando o por evidenciar que no le interesa dialogar, y que, como militar acostumbrado a recibir o a dar órdenes solamente actúa de manera mecánica, entonces es lógico que al estar en la guayaba se dedique a hacerse el sordo ante las débiles demandas de la población; no será nuevo que aparezcan jóvenes ejecutados acusados de delincuentes, y que activistas sociales de diferentes departamentos reciban amenazas y aparezcan muertos por la “delincuencia común” (como lo han hecho durante este año y los medios de comunicación ni en cuenta), y sobre todo, para garantizar que los empresarios de este feudo llamado Guatemala, sigan, bajo el auspicio doctrinario de las universidades de derecha como la Francisco Marroquín, la Mariano Gálvez y otras similares solo que disfrazadas de moderadas como la Del Valle, la Landivar y ya casi la USAC, entre otras, creando y formando a sus perros serviles que aspiran a ser de la clase dominante o a sentirse felices como buenos subalternos.
Hace unos días íbamos con una compañera de trabajo en un taxi de los rotativos, blanco. El carro estaba adornado con banderitas del partido patriota. En el radio estaba sintonizada una estación evangélica. El piloto, contradictoriamente decía que sí votaría pero que no estaba con Otto Pérez; que las banderitas eran porque al dueño le pagaban por cargar la publicidad. Pero ya entrados en confianza, afirmaba que el único que podría salvar al mundo de toda esta catástrofe que padece era su señor Jesucristo. Otro más que se la cree, pensé.
Pero él insistía en que esa era la solución y que la mano dura no era la correcta solución. Contó también que él había sido reclutado en contra de su voluntad a los catorce años a principios de los ochentas allá por el parque de Mixco y que estuvo prestando servicio militar durante doce años, en los que, durante buen tiempo, actuó bajo el mando de Otto Pérez Molina, cometió torturas y asesinatos contra población civil y guerrilleros. No entraré en detalles de las explicaciones vertidas por el asalariado sin seguro social, pero es de lo que ya sabemos que pasó. Triste. Es duro tener que escuchar de un victimario su relato y lo que sentía y siente por haber realizado bajo órdenes de sus superiores. Nos bajamos del taxi con sentimientos encontrados y pensando en lo que puede venir. Algo que se da a baja intensidad en el presente pero que ya nos acostumbraron a verlo como normal.
En fin, para eso servirán las elecciones, para validar que un asesino o un oportunista le repartan a sus amigos lo que queda del Estado, legitimen el poder desde el control y la anulación gradual del Estado, roben y destruyan los recursos naturales y sirvan a sus amos extranjeros.
Menos mal, yo no pienso validar con un voto el circo de la democracia. Tengo la remota esperanza de que en algún momento, lo anárquico flote en muchas personas de éste paisito, y que a través de la desobediencia y el autogobierno seamos una sociedad que actúe no como borregos sino con criterio propio en función colectiva, esto, si a don Bush no se le ocurre iniciar en la práctica lo que hace un par de meses comentábamos en un círculo de cuates: la tercera guerra mundial. Ojo que no es broma.

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